En 1924, mismo año en que el mundo pasaban cosas como la liberación del líder Mahatma Gandhi o se fundaba la Metro-Goldwyn-Mayer en Estados Unidos, en Valparaíso se daba inicio a un imponente edificio escolar que buscó a la escuela de niñas de más prestigio para ocuparlo. La elección recayó en la Escuela Superior de Niñas N º 11 que pasó entonces a tomar el nombre de “Ramón Barros Luco”.

Declarada Monumento Histórico en 2003, desde sus inicios la escuela Ramón Barros Luco ha sido un referente en educación en Valparaíso, alojando a niñas porteñas con un índice de vulnerabilidad que bordea el 80% y un importante número de chicas egresadas y luego profesionales.

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Tras más de 160 años funcionando, fue el terremoto de febrero de 2010 el que dañaría más gravemente al colegio en su estructura, sumiéndolo en una sinuosa historia de fallidos intentos de reconstrucción que finalmente terminó en un total abandono.

Tras la inutilización del inmueble fiscal, la escuela debió trasladarse a las dependencias de la Scuola Italiana de manera temporal y para el 2018 ya se cumplirá una generación completa de niñitas que no alcanzaron a conocer su establecimiento original.

Pero esta gran pausa ha terminado. Un nuevo proyecto de restauración encargado a la empresa de arquitectura Cyparq ya fue aprobado por el Consejo de Monumentos (más una serie de organismos involucrados como DOM, Ministerio de Educación, Servicio de Salud, Junaeb) y se encuentra ad- portas de ser publicado para su licitación y posterior construcción.

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Para el seremi de Bienes Nacionales de la Región de Valparaíso, Rodrigo Vergara, este proceso de reponer el edificio significa reconstruir a Valparaíso desde su tradición, sin olvidar su patrimonio y debe ser observado desde varias aristas: “por una parte, se recupera para la comunidad un inmueble que tiene el carácter de monumento histórico ubicado en pleno centro de Valparaíso (radio urbano y cercano al Congreso Nacional) y desde el punto de vista de la ciudad, representa un hito ya que la construcción de este edificio fue parte del renacer del puerto tras el terremoto de 1906”.

“Desde el punto de vista del trabajo de las instituciones, la gestión del intendente Gabriel Aldoney ha sido crucial en este proceso por lograr que el proyecto sea concretado. Él convocó una mesa de trabajo con todos los actores involucrados para trabajar por reponer este edificio que es un bien fiscal, Monumento Histórico y un triunfo para la educación pública de Valparaíso con sello patrimonial”.

Una opinión parecida sostiene la directora de la escuela, Gloria Tapia, quién expresó su público agradecimiento al intendente Aldoney y además señaló que “volver a tener nuestra escuela funcionando en su edificio original será un tremendo logro porque nuestra escuela y su excelencia académica es una herramienta muy potente. Creemos firmemente que la condición socioeconómica de las niñas no determina sus logros si se trabaja con rigurosidad”.

 

SUPER EDIFICIO

Para Marcela Barría, arquitecta experta en patrimonio y jefa del proyecto de restauración, realizar el nuevo diseño no fue fácil porque, aún los previos planes de reconstrucción, hubo que hacer absolutamente todo de nuevo.

“Por ser un edificio que es Monumento Histórico está sujeto a muchas normativas y tuvimos que adecuarnos a todos los reglamento y disposiciones, de hecho, el ascensor es desmontable, o sea que es una intervención reversible en el caso de que se quisiera volver a la forma original del edificio”.

Consultado sobre la estructura del inmueble, el arquitecto de Cyparq Pablo Cáceres, explica que “cuando recién comenzamos el trabajo nos dimos cuenta de la robustez del edificio, pero los daños producidos por los terremotos, los trabajos anteriores y el desgaste exigían una modificación al diseño estructural”.

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De esta forma, se comenzó a trabajar desde cero con estudios de suelo y ensayos de ondas, y se separó el edificio en tres unidades o ejes independientes con el objeto de que cada uno oscile de forma separada de acuerdo a su estructura en caso de sismo.

“Además de haber realizado esos cortes, construimos de acuerdo a la normativa actual creando accesibilidad universal, salva escaleras, plataforma elevadora, rampas, un área de parvulario autónoma y patios con metros cuadrados en relación a la cantidad de niñas”.

Adicionalmente, el colegio contará con un sistema de descarga de basura separada, con vidrios termopaneles, calefacción a través de bombas de calor eléctricas, 75% de iluminación led y un proyecto para evitar la mantención de aguas servidas dentro de la escuela.

Por último, además de una biblioteca más grande, una sala de fonoaudiología, de psicología, de educación diferencial más un centro de alumnas y de apoderados se ha contemplado honrar el espacio como un lugar de tránsito en dictadura con un “Pasillo de la Memoria”.

Con estos ejemplos de trabajo y esfuerzo podemos asegurar que el Gobierno no ha fallado y en un futuro no muy lejano esperamos que las niñas de los distintos cerros y plan de Valparaíso disfruten de su escuela que por generaciones  las han visto crecer y superarse.

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